Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad

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Elinor no le dijo nada más; en seguida se le ocurrió que debía estarle escribiendo a Willoughby y de inmediato concluyó que, sin importar el misterio en que pudieran querer envolver sus relaciones, debían estar comprometidos. Esta convicción, aunque no por completo satisfactoria, la complació, y continuó su carta con la mayor presteza. Marianne terminó la suya en unos pocos minutos; en extensión, no podía ser más de una nota; la dobló, la selló y escribió las señas con ansiosa rapidez. Elinor pensó que podía distinguir una gran W en la dirección, y acababa de terminar cuando Marianne, tocando la campanilla, pidió al criado que la atendió que hiciera llegar esa carta al correo de dos peniques. Con esto se dio por terminado el asunto.

Marianne seguía de muy buen ánimo, pero aleteaba en ella una inquietud que impedía que su hermana se sintiera completamente satisfecha, y esta inquietud aumentó con el correr de la tarde.

Apenas pudo probar bocado durante la cena, y cuando después volvieron a la sala parecía escuchar con enorme ansiedad el ruido de cada carruaje que pasaba.



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