Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad

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Fue un golpe demasiado grande para soportarlo con serenidad, y de inmediato Marianne abandonó la habitación. Elinor también estaba decepcionada; pero, al mismo tiempo, su aprecio por el coronel Brandon le permitió darle la bienvenida, y le dolió de manera muy especial que un hombre que mostraba un interés tan grande en su hermana advirtiera que todo lo que ella experimentaba al verlo era pesar y desilusión. En seguida observó que para él no había pasado inadvertido, que incluso había mirado a Marianne cuando abandonaba la habitación con tal asombro y preocupación, que casi le habían hecho olvidar lo que la cortesía exigía hacia ella.

—¿Está enferma su hermana? —le preguntó.

Elinor respondió con algo de turbación que sí lo estaba, y luego se refirió a dolores de cabeza, desánimo y excesos de fatiga, y a todo lo que decentemente pudiera explicar el comportamiento de su hermana.

La escuchó él con la más intensa atención, pero, aparentando tranquilizarse, no habló más del asunto y comenzó a explayarse en torno a su placer de verlas en Londres, con las usuales preguntas sobre el viaje y los amigos que habían dejado atrás.


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