Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Tal fue su preocupación al separarse, pues tras haberlo dicho, sólo tuvo tiempo de presentar sus respetos y despedirse de la señora Jennings antes de que la señora Richardson reclamara su compañía; y así, Elinor quedó en posesión de información que serviría de alimento a sus reflexiones durante algún tiempo, aunque no se había enterado de casi nada que ya no hubiera previsto y supuesto por sí misma. El matrimonio de Edward y Lucy estaba tan firmemente decidido y la fecha en que tendría lugar tan absolutamente imprecisa como ella creía que estarían; según lo había esperado, todo dependía de ese cargo que, hasta el momento, parecía no tener posibilidad alguna de obtener.
Tan pronto estuvieron de vuelta en el carruaje, la señora Jennings se manifestó ansiosa de información; pero como Elinor deseaba difundir lo menos posible aquella que, en primer lugar, había sido obtenida de manera tan poco leal, se limitó a una sucinta repetición de esos simples pormenores que estaba segura que Lucy, por su propio interés, desearía se hicieran públicos. La continuidad de su compromiso y los medios que utilizarían para llevarlo a buen término fue todo lo que contó; y esto llevó a la señora Jennings a la siguiente y muy natural observación: