Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Las señoritas Dashwood llevaban ya algo más de dos meses en la ciudad, y la impaciencia de Marianne por irse aumentaba de día en día. Añoraba el aire, la libertad, la tranquilidad del campo; y se imaginaba que si algún lugar podía traerle paz, ese lugar era Barton. No era menor la ansiedad de Elinor, cuyo deseo de partir de inmediato era menor al de Mariano sólo en la medida en que estaba consciente de las dificultades de un viaje tan largo, algo que la última se negaba a admitir. No obstante, comenzó a pensar seriamente en llevarlo a cabo, y ya había mencionado sus deseos a su gentil anfitriona, que se resistió a ellos con toda la elocuencia de su buena voluntad, cuando surgió una posibilidad que, aunque aún las mantenía lejos del hogar durante algunas semanas más, en conjunto le pareció a Elinor mucho más conveniente que ningún otro plan. Los Palmer se irían a Cleveland más o menos a fines de marzo, por Pascua de Resurrección; y la señora Jennings, junto a sus dos amigas, recibieron una muy cálida invitación de Charlotte para acompañarlos. En sí mismo, este ofrecimiento no habría sido suficiente para la delicadeza de la señorita Dashwood; pero como fue respaldado por una muy real cortesía de parte del señor Palmer, y a ello se sumó la enorme mejoría que había experimentado su trato hacia ellas desde que se supo que su hermana pasaba por momentos muy desdichados, pudo aceptarlo con gran placer.
