Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Le escribà la semana pasada, mi amor, y más bien espero verlo llegar a él en vez de noticias suyas. Le insistà que viniera a visitarnos, y no me sorprenderÃa verlo entrar hoy o mañana, o cualquier dÃa.
Esto ya era algo, algo en qué poner las expectativas. El coronel Brandon debÃa tener alguna información que darles.
No bien acababa de concluir tal cosa, cuando la figura de un hombre a caballo atrajo su vista hacia la ventana. Se detuvo ante su reja. Era un caballero, era el coronel Brandon en persona. Ahora sabrÃa más; y tembló al imaginarlo. Pero no era el coronel Brandon… no tenÃa ni su porte, ni su altura. Si fuera posible, dirÃa que debÃa ser Edward. Volvió a mirar. Acababa de desmontar… no podÃa equivocarse… era Edward. Se alejó y se sentó. «Viene desde donde el señor Pratt a propósito para vernos. Tengo que estar tranquila; tengo que comportarme dueña de mà misma».
En un momento se dio cuenta de que también los otros habÃan advertido el error. Vio que su madre y Marianne mudaban de color; las vio mirarla y susurrarse algo entre ellas. HabrÃa dado lo que fuera por ser capaz de hablar y por hacerles comprender que esperaba no hubiera la menor frialdad o menosprecio hacia él en el trato. Pero no pudo sacar la voz y se vio obligada a dejarlo todo a la discreción de su madre y hermana.