Sentido y sensibilidad

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CAPÍTULO VIII

En su viudez, la señora Jennings había quedado en poder de una generosa renta por el usufructo de los bienes dejados por su marido. Sólo tenía dos hijas, a las que había llegado a ver respetablemente casadas y, por tanto, ahora no tenía nada que hacer sino casar al resto del mundo. Hasta donde era capaz, era celosamente activa en el cumplimiento de este objetivo y no perdía oportunidad de planificar matrimonios entre los jóvenes que conocía. Era de notable rapidez para descubrir quién se sentía atraído por quién, y había gozado del mérito de hacer subir los rubores y la vanidad de muchas jóvenes con insinuaciones relativas a su poder sobre tal o cual joven; y apenas llegada a Barton, este tipo de perspicacia le permitió anunciar que el coronel Brandon estaba muy enamorado de Marianne Dashwood. Más bien, sospechó que así era la Primera tarde que estuvieron juntos, por la atención con que la escuchó cantar; y cuando los Middleton devolvieron la visita y cenaron en la cabaña, se cercioró de ello al ver otra vez cómo la escuchaba. Tenía que ser así. Estaba totalmente convencida de ello. Sería una excelente unión, porque él era rico y ella era hermosa. Desde el momento mismo en que había conocido al coronel Brandon, debido a sus lazos con sir John, la señora Jennings había ansiado verlo bien casado; y, además, nunca flaqueaba en el afán de conseguirle un buen marido a cada muchacha bonita.


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