Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Pero Marianne era tan incapaz de satisfacer su curiosidad respecto al color del perro del señor Willoughby, como lo era él en cuanto a describir los matices de la mente del joven.
—Pero ¿quién es él? —preguntó Elinor—. ¿De dónde viene? ¿Posee una casa en Allenham?
Sobre este punto podÃa informarlas más sir John, y les dijo que el señor Willoughby no tenÃa propiedades personales en la región; que residÃa allà sólo mientras visitaba a la anciana de Allenham Court, de quien era pariente y cuyos bienes heredarÃa. Y agregó:
—SÃ, sÃ, vale la pena atraparlo, le aseguro, señorita Dashwood; es dueño, además, de una linda propiedad en Somersetshire; y si yo fuera usted, no se lo cederÃa a mi hermana menor a pesar de todo su dar tumbos cerro abajo. La señorita Marianne no puede pretender quedarse con todos los hombres. Brandon se pondrá celoso si ella no tiene más cuidado.
—No creo —dijo la señora Dashwood, con una sonrisa divertida—, que ninguna de mis hijas vaya a incomodar al señor Willoughby con intentos de atraparlo. No es una ocupación para la que hayan sido criadas. Los hombres están muy a salvo con nosotras, sin importar cuán ricos sean. Me alegra saber, sin embargo, por lo que usted dice, que es un joven respetable y alguien cuyo trato no será de despreciar.