El rancho del crimen
El rancho del crimen LA EMBOSCADA
El sheriff Pete Rice se estremeció. Nunca le había afectado de aquel modo un propio peligro, pero el de sus comisarios era para él un tormento. Sin aquellos dos hombres, Hicks “Miserias” y Teeny Butler difícilmente podría haber llegado a ser el temido Pete Rice.
Aquellos dos hombres eran sus amigos, sus camaradas. Eran las personas a quienes más quería en el mundo, después de a su madre, de grises cabellos, que vivía en la Quebrada del Buitre.
Pete se arrodilló junto al cuerpo de Teeny. A la luz de la luna pudo ver que brotaba la sangre cerca de la oreja derecha del gigantesco comisario. Pete tocó la cabellera de Teeny y pudo comprobar que la sangre manaba de la parte superior de la cabeza.
“Miserias” estaba arrodillado junto a su jefe.
—¡Bendito sea Dios, Pete! —exclamó—. ¡No tiene nada! ¡Ha sido el golpe que se dio con una roca al caer!
Eso era lo que había sucedido. Había que tener en cuenta que la mole de Teeny Butler, de trescientas libras de peso, no podía dejarse caer tan fácilmente y sin peligro como el esmirriado cuerpo de “Miserias”.
