El rancho del crimen
El rancho del crimen El contrabando de chinos era un negocio muy arriesgado, pero altamente provechoso. Si pudiese hacer prisionero a aquel hombre, tal vez pudiese hacerle hablar. Si el chino no hablaba inglés, no le sería difícil hallar un intérprete entre los numerosos chinos empleados en los hoteles de alguna ciudad cercana, para lavar la ropa, o en las cocinas de los restaurantes.
El brazo de hierro de Pete mantuvo el cañón de su propio revólver lejos de su cara. Súbitamente, el chino soltó su muñeca y sacó un largo cuchillo de su blusa.
Pete podía haber disparado sobre él, matándolo, pero no tenía intención de hacerlo así. Aquel hombre, estaba seguro de ello, podía ayudarle en mucho a desentrañar el misterio del rancho de Slash C.
Pensándolo a sí, Pete dejó caer el revólver y aferró el brazo del chino que empuñaba el cuchillo. Lo brutal de la acometida envió rodando a los dos hombres por el suelo. La punta del puñal clavó una de las alas de los zahones del sheriff al suelo, y escapó culebreando, con la hoja torcida.
Pete sintió que las uñas del chino se clavaban en su cara mientras apartaba el cuchillo de un puntapié. Luego dirigió un fuerte golpe a la mandíbula del chino, cuyo cuerpo sintió flaquear un momento.