El rancho del crimen
El rancho del crimen Desde allí pudo distinguir el reflejo de una luz que salía de la parte más lejana de la casa del rancho y se reflejaba contra unas malezas. Parecía como si alguien en la casa estuviese despierto.
Pete se arrastró, describiendo un ancho círculo, en las proximidades de la ventana iluminada. Vió entonces que la luz salía de la habitación de Elber Vaughn, y recordó que el enclenque y afeminado individuo tenía el antojo de dormir con una luz encendida en su habitación. Pete avanzó cuidadosamente, pretendiendo colocarse junto a la ventana y aún penetrar en la estancia. Súbitamente se detuvo y se aplastó materialmente contra el suelo.
Otro hombre venía por aquella parte de la casa en dirección contraria a la suya. Un rayo de luz de la habitación de Vaughn iluminó de lleno la cara del rondador, que resultó ser Orvin Reynal, el sombrío borrachín, cuya conducta había sido siempre un misterio para los demás huéspedes del rancho.
Era evidente que a Reynal le guiaba algún fin, que debía ser siniestro, según se imaginó Pete. El rostro del viejo bebedor estaba contraído. Pete pudo verle pasar una de las piernas sobre el poyete de la ventana y desaparecer en la habitación de Vaughn.