El rancho del crimen
El rancho del crimen Pete, que estaba terriblemente cansado, luchaba con el sueño, que empezaba a invadirle, pero a pesar de esto, se sentó junto al camastro de Vaughn y escuchó cuidadosamente. De pronto oyó una frase que hizo que en sus ojos grises centellease un rayo de esperanza, pero, de pronto, Vaughn dejó de delirar y se quedó inmóvil y dormido.
—Este muñeco es un poco más ruidoso que su compañero —observó Johnny Boot.
—Sí —afirmó Pete—. Creo que es el cloroformo. Me parece que le hace delirar. Estaba pensando si una nueva dosis podría ayudarnos, provocando un nuevo delirio. Si no fuera peligroso...
Tocó la frente de Vaughn y vió que no tenía fiebre. Le tomó el pulso y pudo comprobar que era regular. Entonces sacó la botella de cloroformo que encontrara en los bolsillos de Reynal, le quitó el tapón y la aplicó a la nariz de Vaughn.
Al principio el efecto fue completamente soporífero. Vaughn cayó en un sueño profundo, pero como Pete había esperado y deseado, pronto el cloroformo empezó a producir en él los mismos efectos que produjera la primera vez.
Vaughn empezó a agitarse y a delirar en voz alta.
—¿Qué es lo que está diciendo? —quiso saber Johnny Boot—. ¡Santo Dios! Me parece que eso no quiere decir nada.