El rancho del crimen

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CAPÍTULO V

UNA MAQUINACIÓN DESHECHA

Los comisarios de la Quebrada del Buitre pusieron sus monturas al galope en la obscuridad. Sabían que estaban desempeñando una misión peligrosa. Iban camino de un probable encuentro, en el que no podían defenderse, puesto que sabían que sus presuntos enemigos eran personas decentes.

Sin embargo, ambos comisarios iban equipados convenientemente para defenderse sin necesidad de disparar un solo tiro. Hicks “Miserias” llevaba sus bolas.

Este instrumento, usado principalmente en la Argentina para sujetar al ganado bovino y cazar potros salvajes, consistía en tres correos de cuero crudo terminadas en sendas bolas metálicas. “Miserias” sabía arrojar sus bolas con rara habilidad y precisión.

Varias veces había conseguido evitar la fuga de un bandido con su arma de tres brazos. Lanzada a las piernas de un fugitivo, las tres tiras de cuero se enroscaban en ellas y determinaban la caída violenta del fugitivo.

Al mismo tiempo que las “bolas” habían metido a más de un bandido en la cárcel, también es verdad que los habían salvado de ser agujereados por las balas.


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