El trasgo del desierto
El trasgo del desierto DISPAROS DE GANGSTER
El hotelero se puso rígido. Pete le acercó el revólver a las costillas mientras le registraba los bolsillos. No halló arma alguna.
—Debe usted estar loco, sheriff —insistió el hotelero—. De sobra sabe que me llamo Bolster. Soy dueño del hotel de Manantiales de Antílope. Puedo demostrarlo. ¿Cómo es posible que quiera confundirme con ese hombre a quien llama usted King?
—¡Eche a andar hacia el despacho del comisario y se lo explicaré! —respondió Pete, con brusquedad—. ¡Si da el menor paso en falso por el camino, le taladro la espina dorsal de un tiro!
El hotelero se encogió de hombros y echó a andar hacia el despacho de Dode Leeming. Pete le siguió. Estaba preparado para cualquier movimiento que hiciera su prisionero. Pero éste nada hizo.
Jacobo King, gangster de Chicago, conocido entre sus congéneres bajo el nombre de Rey Jacobo y en el Suroeste como Bolster, resultó muy poco valiente bajo la amenaza de un revólver cargado.
En cuanto estuvieron en el despacho Pete cerró la puerta y echó la llave. Leeming y los comisarios le miraron intrigados:
