El trasgo del desierto
El trasgo del desierto INFIERNO EN CAÑÓN DEL NORTE
Al llegar al despacho de Dode Leeming, Pete Rice decidió que sí los bandidos responsables de lo ocurrido creían poder intimidar a los habitantes de la comarca de San Saba, dichos bandidos se habían equivocado de medio a medio.
El despacho parecía atraer a los hombres como la carne humana atrae a los buitres. Había vaqueros alrededor de la puerta. Algunos colonos se habían presentado también para ofrecerse como comisarios si se les proporcionaban caballos. La acera de madera amarilla estaba salpicada de saliva de tabaco.
Hasta los que no se hallaban en situación de poder cabalgar suplicaban que se contase con ellos si volvía a ocurrir algo. El doctor Harley, que casi siempre hacia sus visitas en coche, se había presentado, así como el hostelero semi-inválido de Manantiales de Antílope y jóvenes de quince años, y mineros sin trabajo, que eran muy malos jinetes a pesar de lo muchos años que llevaban en el Oeste.
A Pete le encantaba su decisión y se veía precisado a recurrir a toda su diplomacia para rechazar a muchos de aquellos hombres. Pero no tardó en despejar el despacho y empezó a darle órdenes a «Miserias».
