El trasgo del desierto
El trasgo del desierto LOS EXPLORADORES DE LOS CUATREROS
El ganado se había diseminado ya. Había dejado de ser una masa compacta en movimiento. Algunas de las reses estaban paradas ya, aun cuando seguían nerviosas, dando resoplidos. Habían desgastado todas sus emergías.
Su ferocidad se había disipado y Pete se arriesgó a atravesar el rebaño. Sonny avanzó con agilidad, zigzagueando por entre el ganado. De vez en cuando corría una res hacia él, más bien aturdida y excitada que con ánimos de atacar. Pero siempre retrocedía al dispararse los revólveres de Pete delante de sus ojos y clavarse los proyectiles en el suelo.
Una buena cantidad de reses había vuelto a agruparse y estaba moviéndose lentamente hacia el Norte. Al resplandor de los relámpagos, sus lomos parecían olas que se retiraran de una playa.
Pero Pete no se preocupaba en mirarlas mucho. Su tarea era llegar al Sur, impedir que la satinada piel de Sonny fuera perforada por las astas de las reses que no se hubieran tranquilizado del todo. El tiroteo del Sur había cesado bruscamente. Empezó a preguntarse, después de todo, si los cuatreros habrían atacado en realidad. ¿Qué podían haber significado aquellos disparos del Sur?
