La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas En su oficina, Dagny revisaba los informes de pérdidas cuando recibió una llamada de Ellis Wyatt. —Vine a Nueva York para hablar contigo. Necesitamos sentarnos a planear cómo evitar más daños —dijo él, su voz grave transmitiendo urgencia. Dagny accedió. Esa misma noche, en un restaurante apartado, Wyatt no perdió tiempo en rodeos. —Colorado no puede depender de un ferrocarril que tambalea entre el fracaso y la mediocridad. Pero he visto lo que has hecho con los rieles Rearden. Si mantienes esa línea en pie, estaré de tu lado. Dagny sostuvo su mirada, sintiendo el peso de la responsabilidad. —Haré lo que sea necesario, Ellis. Pero necesito saber que no desertarás como tantos otros. Wyatt sonrió, aunque en su gesto había más cansancio que humor. —No me iré. No mientras vea una posibilidad de luchar.