La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas En las semanas siguientes, Dagny y Rearden comenzaron a trabajar juntos en un nuevo proyecto, una línea ferroviaria que conectaría las operaciones de Wyatt en Colorado con el resto del país. Pero su colaboración atrajo la atención de enemigos poderosos. Una noche, mientras caminaban por una de las estaciones en construcción, Dagny habló en voz baja: —¿Has notado algo extraño últimamente? Gente que desaparece, que renuncia sin explicación. Rearden asintió. —Al principio, pensé que era coincidencia. Pero hay un patrón. No son los incompetentes los que se van. Son los mejores. Los hombres y mujeres que construyen, que inventan, que sostienen todo.
Dagny sintió un escalofrío. —No es solo la gente. Hay ideas que también están desapareciendo. Ingenieros que destruyen sus diseños, empresarios que venden sus compañías por nada. Es como si estuvieran dejando el mundo vacío a propósito.
Esa misma noche, al llegar a casa, Dagny encontró un sobre en su escritorio. Era un documento que contenía las especificaciones de un motor revolucionario que funcionaba con energía estática. No tenía remitente, pero en la esquina inferior del papel había una inicial: G .