La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas A la mañana siguiente, salió en busca de respuestas. Pero cada puerta que tocaba llevaba a un callejón sin salida. Los ingenieros que conocían del motor lo describían con fascinación, pero todos decían lo mismo: el creador había desaparecido. Nadie sabía su nombre, pero todos recordaban algo: —El hombre que lo diseñó dijo que podía cambiar el mundo. Pero, al parecer, decidió dejar que se destruyera primero.
Dagny, desafiando la creciente sensación de desamparo, cerró los puños. No importaba cuántas sombras cubrieran el mundo, ella estaba decidida a seguir adelante. Había una respuesta en algún lugar, y estaba lista para buscarla, incluso si significaba perderse en esa oscuridad creciente.
Dagny sostenía el boceto del motor entre sus manos, un diseño que parecía pertenecer a otra realidad, a un mundo donde el ingenio humano aún tenía un lugar. Lo había encontrado en las ruinas de una vieja fábrica abandonada, entre papeles cubiertos de polvo y planos destrozados. Era perfecto en su simplicidad, revolucionario en su concepto, y totalmente imposible de replicar sin el hombre que lo había creado.
