La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas La búsqueda comenzó con una serie de visitas a antiguos ingenieros, hombres que habían trabajado en proyectos similares antes de que las sombras del abandono los tragaran. Uno de ellos, un anciano encorvado con el ceño marcado por años de fracaso, le explicó: —Ese motor… era la obra de un genio. Pero nunca quiso que el mundo lo tuviera. “No vale la pena salvar a los hombres que están decididos a destruirse”, dijo antes de desaparecer.
Dagny salió de esa reunión sintiéndose como si cada paso la alejara más de la verdad. Pero no podía detenerse. Había algo en ese motor que era más que un diseño; era un símbolo de resistencia, de todo lo que podía salvarse.
—¿Quién es este hombre? —le preguntó a Hank Rearden mientras inspeccionaban juntos los avances de la nueva línea ferroviaria. Rearden, con las manos cruzadas sobre el pecho y la mirada fija en la maquinaria, respondió: —Alguien que no quiere ser encontrado. Y eso lo hace más peligroso para ellos… y más valioso para nosotros.