La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas El choque de ideas entre ellos fue inmediato. Dagny, acostumbrada a luchar contra lo inevitable, no podía aceptar esa visión de resignación, aunque veía la lógica detrás de ella. —Si abandonamos todo, ¿qué queda? —insistió. —Queda la libertad para empezar de nuevo, lejos del yugo de quienes no saben más que destruir —replicó él, sin ceder un ápice.
Los días en el valle fueron una mezcla de descubrimiento y agonía para Dagny. Vio cómo funcionaban las cosas en ese lugar, un sistema donde cada hombre era libre de vivir de su esfuerzo sin interferencias externas. Era una utopía, pero también una renuncia.
—¿Por qué me trajiste aquí? —preguntó finalmente. Galt la miró con la misma serenidad impenetrable. —Porque tú aún no has decidido si dejar caer el peso del mundo o seguir sosteniéndolo.
Dagny entendió que su decisión no solo definiría su destino, sino el de todos aquellos que aún resistían fuera del valle. Allí, en el corazón de esa utopía aislada, se enfrentó a la pregunta más profunda de todas: ¿Qué se debe hacer cuando el mundo elige su propia destrucción?