La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas En medio de ese caos, Dagny recibió un mensaje que la dejó helada. Venía de John Galt. —El momento ha llegado. Todo caerá pronto. Tú decides si estarás del lado de quienes cargan el peso o de quienes lo destruyen.
El gobierno, en un acto desesperado por mantener el control, decidió tomar a Galt como chivo expiatorio. Un grupo de agentes lo capturó tras semanas de rastreo, y lo llevaron a Nueva York para un juicio público. Lo que no sabían era que ese acto sellaría su propia condena.
Dagny asistió al juicio, donde Galt fue acusado de traición contra el bien común. Pero su presencia en el estrado, incluso encadenado, irradiaba una autoridad que ningún político en la sala podía igualar. —No soy yo quien ha traicionado al pueblo —dijo con voz firme, resonando en cada rincón del tribunal—. Son ustedes, los parásitos, los que han destruido todo lo que alguna vez tuvo valor.
El gobierno intentó obligarlo a cooperar, ofreciéndole poder y privilegios si cedía su conocimiento y sus invenciones. Pero Galt los miró con desdén. —Prefiero morir antes que ser su esclavo.