Dios y el Estado
Dios y el Estado Si el pueblo debe preservarse del gobierno de los sabios, con mayor razón debe presumirse contra el de los idealistas inspirados. Cuanto más sinceros son esos creyentes y esos poetas del cielo, más peligrosos se vuelven. La abstracción científica, lo he dicho ya, es una abstracción racional, verdadera en su esencia, necesaria a la vida de la que es la representación teórica, la conciencia. Puede, debe ser absorbida y digerida por la vida. La abstracción idealista, dios, es un veneno corrosivo que destruye y descompone la vida, que la falsea y la mata. El orgullo de los idealistas, no siendo personal, sino un orgullo divino, es invencible e implacable. Puede, debe morir, pero no cederá nunca, y en tanto que le quede un soplo, tratará de someter el mundo al talón de su dios, como los lugartenientes de Prusia, esos idealistas prácticos de Alemania, quisieran verlo aplastar bajo la bota de espuelas de su rey. Es la misma fe —los objetivos no son siquiera muy diferentes— y el mismo resultado de la fe: la esclavitud.
Es al mismo tiempo el triunfo del materialismo más craso y más brutal: no hay necesidad de demostrarlo por lo que se refiere a Alemania, porque habría que ser ciego verdaderamente para no verlo, en el tiempo que corre. Pero creo necesario aun demostrarlo con relación al idealismo divino.