Dios y el Estado
Dios y el Estado Bajo este aspecto, el protestantismo es mucho más cómodo. Es la religión burguesa por excelencia. Concede justamente tanta libertad como es necesaria para los burgueses, y ha encontrado el medio de conciliar las aspiraciones celestes con el respeto que reclaman los intereses terrestres. Asà vemos que es sobre todo en los paÃses protestantes donde se desarrollaron el comercio y la industria. Pero era imposible para la burguesÃa de Francia hacerse protestante. Para pasar de una religión a otra —al menos que sea por cálculo, como proceden alguna vez los judÃos en Rusia y en Polonia, que se hacen bautizar tres, cuatro veces a fin de recibir remuneraciones nuevas—, para cambiar de religión, hay que tener una gran fe religiosa. Y bien, en el corazón exclusivamente positivo del burgués francés, no hay lugar para ese grano. Profesa la indiferencia más profunda para todas las cuestiones, exceptuada la de la bolsa ante todo, y la de su vanidad social después. Es tan indiferente para el protestantismo como para el catolicismo. Por otra parte, la burguesÃa francesa no habrÃa podido abrazar el protestantismo sin ponerse en contradicción con la rutina católica de la mayorÃa del pueblo francés, lo que hubiese constituido una gran imprudencia de parte de una clase que querÃa gobernar a Francia.