Dios y el Estado
Dios y el Estado La gran mayorÃa de los hombres, no sólo en las masas populares, sino en las clases privilegiadas e instruidas tanto y a menudo aun más que en las incultas, están intranquilos y no se sienten en paz consigo mismos más que cuando en sus pensamientos y en todos los actos de su vida siguen fielmente, ciegamente, la tradición y la rutina: «Nuestros padres han pensado y hecho asÃ, nosotros debemos pensar y obrar como ellos; todo el mundo piensa y obra asà a nuestro alrededor, ¿por qué habrÃamos de pensar y de obrar de otro modo que como todo el mundo?». Estas palabras expresan la filosofÃa, la convicción y la práctica de las 99/100 partes de la humanidad, tomada indiferentemente en todas las clases de la sociedad. Y como lo he observado ya, ése es el mayor impedimento para el progreso y para la emancipación más rápida de la especie humana.