Dios y el Estado
Dios y el Estado Sólo que Buda no sabÃa y no podÃa saber que era el espÃritu humano mismo el que habÃa creado ese dios-nada. Apenas hacia el fin del siglo último comenzó la humanidad a percatarse de ello, y sólo en nuestro siglo, gracias a los estudios mucho más profundos sobre la naturaleza y sobre las operaciones del espÃritu humano, se ha llegado a dar cuenta completa de ello.
Cuando el espÃritu humano creó a dios, procedió con la más completa ingenuidad; y, sin saberlo, pudo adorarse en su diosnada.
Sin embargo, no podÃa detenerse ante esa nada que habÃa hecho él mismo, debÃa llenarla a todo precio y hacerla volver a la tierra, a la realidad viviente. Llegó a ese fin siempre con la misma ingenuidad y por el procedimiento más natural, más sencillo. Después de haber divinizado su propio yo en ese estado de abstracción o de vacÃo absoluto, se arrodilló ante él, lo adoró y lo proclamó la causa y el autor de todas las cosas; ése fue el comienzo de la teologÃa.
Dios, la nada absoluta, fue proclamado el único ser vivo, poderoso y real, y el mundo viviente y por consecuencia necesaria la naturaleza, todas las cosas efectivamente reales y vivientes, al ser comparadas con ese dios fueron declaradas nulas. Es propio de la teologÃa hacer de la nada lo real y de lo real la nada.