Dios y el Estado
Dios y el Estado Y ahora la carrera está abierta; es, como lo dijimos antes, una especie de carrera de apuestas, un sálvese el que pueda, por la salvación del alma. Aquà los católicos y los protestantes se dividen: los primeros pretenden que no se entra en el paraÃso más que con el permiso especial del padre santo, el Papa; los protestantes afirman, por su parte, que la gracia directa e inmediata del buen dios es la única que abre las puertas. Esta grave disputa continúa aún hoy; nosotros no nos mezclamos en ella.
Resumamos en pocas palabras la doctrina cristiana:
Hay un dios, ser absoluto, eterno, infinito, omnipotente; es la omnisapiencia, la verdad, la justicia, la belleza y la felicidad, el amor y el bien absolutos. En él todo es infinitamente grande, fuera de él está la nada. Es, en fin de cuentas, el ser supremo, el ser único.
Pero he aquà que de la nada —que por eso mismo parece haber tenido una existencia aparte, fuera de él, lo que implica una contradicción y un absurdo, puesto que si dios existe en todas partes y llena con su ser el espacio infinito, nada, ni la misma nada puede existir fuera de él, lo que hace creer que la nada de que nos habla la biblia estuviese en dios, es decir que el ser divino mismo fuese la nada—, dios creó el mundo.