Dios y el Estado
Dios y el Estado ¿No se podrÃa suponer que todos los hombres son igualmente inspirados por dios? Entonces no habrÃa ya necesidad de intermediarios, sin duda. Pero esta suposición es imposible, porque está demasiado contradicha por los hechos. SerÃa preciso entonces atribuir a la inspiración divina todos los absurdos y los errores que se manifiestan, y todos los horrores, las torpezas, las cobardÃas y las tonterÃas que se cometen en el mundo humano. Por consiguiente, no hay en este mundo más que pocos hombres divinamente inspirados. Son los grandes hombres de la historia, los genios virtuosos, como dice el ilustre ciudadano y profeta italiano Giuseppe Mazzini. Inmediatamente inspirados por dios mismo y apoyándose en el consentimiento universal, expresado por el sufragio popular —Dio e Popolo—, están llamados a gobernar la sociedad humana.[4]