Alberto Savarus y otras historias
Alberto Savarus y otras historias —¡Toda la vida! —respondió Luis estrechándola contra su pecho.
LA BODA
El dÃa que siguió a aquél en que Ginevra abandonó la casa de su padre fue a rogar a la señora Servin que le concediera asilo y protección hasta la época fijada por la ley para su boda con Luigi Porta. Allà comenzó para ella el aprendizaje de las preocupaciones que el mundo siembra alrededor de aquellos que no siguen sus costumbres. Muy afligida por el mal que la aventura de Ginevra ocasionaba a su marido, la señora Servin recibió frÃamente a la fugitiva y le dio a entender con palabras cortésmente circunspectas que no debÃa contar con su apoyo. Demasiado orgullosa para insistir, pero asombrada ante un egoÃsmo al que no estaba acostumbrada, la joven corsa fue a alojarse al hotel amueblado más cercano a la casa en que vivÃa Luigi. El hijo de los Porta fue a pasar todos sus dÃas a los pies de su futura; su joven amor y la pureza de sus palabras disiparon las nubes que la reprobación paterna acumulaba sobre la frente de la hija abandonada, y sabÃa pintarle el porvenir con tan maravillosos colores, que terminaba sonriendo, aunque, no obstante, sin olvidarse del rigor de sus progenitores.
