Alberto Savarus y otras historias
Alberto Savarus y otras historias —¡Oh, Luis! —repuso mirándole con atención extraordinaria—, escúchame bien: Siento que me estoy muriendo. Mi muerte es natural; sufrÃa demasiado y, además, una felicidad tan grande como la mÃa tenÃa que pagarse. SÃ, Luigi querido, consuélate. He sido tan dichosa, que si empezara a vivir de nuevo volverÃa a aceptar nuestro destino. Soy una mala madre: te echo más de menos a ti que a mi propio hijo. ¡Hijo mÃo! —añadió con voz profunda.
Dos lágrimas cayeron de sus ojos mortecinos, y de pronto estrechó el pequeño cadáver al que no habÃa podido devolver el calor.
—Da mi cabellera a mi padre en recuerdo de su Ginevra —dijo la joven—. Dile que nunca le he acusado…
Su cabeza cayó sobre el brazo de su esposo.
—¡No, tú no puedes morir! —exclamó Luigi—. Va a venir el médico. Tenemos pan. Tu padre va a recibirte con clemencia. La prosperidad ha vuelto para nosotros. ¡Quédate con nosotros, ángel de bondad!