Alberto Savarus y otras historias
Alberto Savarus y otras historias âÂĄCĂłmo! Pero sentaos, general âdijo la señora Chapuzotâ. Hoy dĂa ya la gente no es honrada⊠ni galante.
âYo no soy un hombre galante, estimada señora âdijo Pazâ; soy un padre desesperado que quiere engañarse a sĂ mismo con una semejanza.
âÂżDe modo que voy a pasar por hija vuestra? âdijo MĂĄlaga maliciosamente y sin sospechar la profunda veracidad de tal proposiciĂłn.
âSĂ âdijo Pazâ; vendrĂ© a veros algunas veces; para que la ilusiĂłn sea completa os alojarĂ© en un hermoso apartamento ricamente amuebladoâŠ
âÂĄVoy a tener muebles! âdijo MĂĄlaga mirando a Chapuzot.
âY criados ârepuso Pazâ, y todas las comodidades. MĂĄlaga mirĂł al extranjero con ojos de asombro.
âÂżDe quĂ© paĂs es el caballero?
âSoy polaco.
âEntonces acepto âdijo MĂĄlaga.
Paz saliĂł prometiendo que regresarĂa.
âTengo miedo âdijo Margarita Turquet mirando a la señora Chapuzotâ de que ese hombre quiera engatusarme para lograr algĂșn capricho. Pero, ÂĄbah!, voy a arriesgarme.
LOS APUROS DE MĂLAGA