Alberto Savarus y otras historias
Alberto Savarus y otras historias —Señora, si supiera de algún sacrificio que pudiera hacerse para reconquistar vuestra estima, bien pronto lo haría; pero abandonar a Málaga no es…
—En vuestro caso, he aquí lo que yo diría si fuese hombre —respondió Clementina—. Bien, si yo tomo esto como un gran sacrificio, no hay por qué enfadarse.
Paz salió temiendo cometer alguna tontería, ya que sentíase dominado por locos pensamientos. Salió a pasear al aire libre, ligeramente vestido a pesar del frío, sin poder apagar el ardor de su cara y de su frente.
«¡Creía que erais un alma noble!». Continuamente estaba oyendo estas palabras.
—¡Y pronto hará un año —decíase a sí mismo—, si hubiera que creer a Clementina, yo sólo había derrotado a los rusos!
Pensaba abandonar el hotel Laginski, ir a alistarse para luchar con los spahis y hacerse matar en África; pero le detuvo un horrible temor.
—Sin mí, ¿qué será de ellos? Pronto se les vería arruinados. ¡Pobre condesa! ¡Qué horrible vida verse reducida solamente a treinta mil libras de renta! Vamos —se dijo—, puesto que está perdida para mí, ¡valor!, y demos cima a nuestra obra.
EL BAILE DE MUSARD
