Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos Para comprender el horror de la situación en la que se encontraba la condesa, es preciso añadir que esta escena nocturna tenía lugar en 1591, época en la que imperaba en Francia la guerra civil, y en la que las leyes carecían de vigor. Los excesos de la Liga, opuesta al advenimiento de Enrique IV[77], rebasaban todas las calamidades de las guerras de religión. Incluso en aquel entonces llegó a ser tan grande la licencia, que a nadie le sorprendía ver que un gran señor mandaba matar públicamente a su enemigo a plena luz. Cuando en nombre de la Liga o del Rey se conducía una expedición militar dirigida a un interés privado, obtenía los mayores elogios de ambas partes. Así fue como Balagny[78], un soldado, estuvo a punto de convertirse en príncipe soberano, a las puertas de Francia. En cuanto a los asesinatos cometidos en familia, si cabe servirse de tal expresión, no se les daba más atención, al decir de un contemporáneo, que a un haz de paja de techar, a no ser que hubiesen ido acompañados de circunstancias en exceso crueles. Algún tiempo antes de la muerte del Rey, una dama de la corte asesinó a un gentilhombre que había proferido sobre ella expresiones indecorosas. Uno de los favoritos de Enrique III le dijo: «¡Por Dios, Sire, que le clavó la daga con mucho donaire!»[79].