Cuentos filosoficos
Cuentos filosoficos A LA SEÑORA JOSÉPHINE DELANNOY, DE SOLTERA DOUMERC[861]
Señora, quiera Dios que esta obra goce vida más larga que la mÃa; el reconocimiento que a usted consagré, y que, como espero, igualará a su afecto casi maternal por mÃ, subsistirÃa en tal caso más allá del plazo fijado para nuestros sentimientos. Este sublime privilegio de extender asà mediante la vida de nuestras obras la existencia del corazón bastarÃa, si alguna certidumbre hubiera en este punto, para consolar de todas las penas que les cuesta a aquellos cuya ambición es conquistarlo. Repetiré, pues: ¡Dios lo quiera!
DE BALZAC
Existe en Douai[862], en la calle de ParÃs, una casa cuya fisonomÃa, cuyas disposiciones interiores y detalles han conservado, más que los de ninguna otra vivienda, el carácter de las antiguas construcciones flamencas, tan ingenuamente acomodadas a los usos patriarcales de aquel buen paÃs; pero, antes de describirla, tal vez sea menester establecer en interés de los escritores la necesidad de estas preparaciones didácticas contra las que protestan ciertas personas ignorantes y voraces[863] que querrÃan emociones sin padecer sus principios generadores, la flor sin la semilla, al niño sin la gestación. ¿Tendrá, pues, el Arte obligación de ser más fuerte de cuanto lo es la Naturaleza?
