Cuentos filosoficos

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La casa en la que ocurrieron los sucesos de esta historia se halla poco más o menos en el centro de la calle de París, y lleva en Douai, desde hace más de doscientos años, el nombre de la Casa Claës. Los Van Claës fueron antaño una de las más célebres familias de artesanos a los que debieron los Países Bajos, en varias producciones, una supremacía comercial que han mantenido. Durante mucho tiempo, los Claës fueron en la ciudad de Gante, de padre en hijo, los jefes de la pujante Cofradía de Tejedores[878]. Cuando la revuelta de aquella gran ciudad contra Carlos Quinto, que quería suprimir sus privilegios, el más rico de los Claës se vio tan seriamente comprometido que, previendo una catástrofe y obligado a compartir la suerte de sus compañeros, envió secretamente bajo la protección de Francia a su mujer, sus hijos y sus riquezas, antes de que las tropas del emperador tuviesen cercada la ciudad. Las previsiones del Síndico[879] de Tejedores eran cabales. Fue, como varios burgueses más, eximido de la capitulación y colgado por rebelde, mientras que era en realidad el defensor de la independencia gantesa. La muerte de Claës y sus compañeros dio sus frutos. Más tarde, aquellas inútiles ejecuciones le costaron al rey de las Españas la mayor parte de sus posesiones en los Países Bajos[880]. De todas las simientes confiadas a la tierra, la sangre vertida por los mártires es la que da más pronta cosecha. Cuando Felipe II, que castigaba la rebelión hasta la segunda generación, extendió sobre Douai su cetro de hierro[881], los Claës conservaron sus grandes bienes, aliándose con la nobilísima familia de Molina, cuya rama mayorazga, a la sazón pobre, se volvió lo bastante rica como para poder rescatar el condado de Noroña, que poseía en el Reino de León de modo puramente nominal.


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