El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias Un día Bianchon dijo a Desplein que un pobre aguador del barrio de Saint-Jacques había contraído una horrible enfermedad causada por las fatigas y la miseria; aquel pobre auvernés sólo había comido patatas durante el largo invierno de 1821. Desplein dejó a todos sus enfermos. Exponiéndose a hacer reventar a su caballo, voló, seguido de Bianchon, a la casa del pobre hombre y le hizo transportar él mismo a la casa de salud establecido por el célebre Dubois en el barrio de Saint-Denis. Fue a cuidar a aquel hombre, le dio, cuando estuvo restablecido, el dinero necesario para comprar un caballo y un tonel. Este auvernés se distinguió por un rasgo original. Uno de sus amigos cae enfermo, lo llevó en seguida a Desplein, diciendo a su bienhechor:
—No habría podido consentir que fuese a otro.
Desplein, con lo arisco que era, estrechó la mano al aguador y le dijo:
—Tráemelos todos.
E hizo entrar al hijo del Cantal en el Hospital, donde tuvo para él los más solícitos cuidados. Bianchon había notado ya en su jefe una predilección por los auverneses y sobre todo por los aguadores; pero como Desplein ponía una especie de orgullo en sus tratamientos en el hospital, el discípulo no veía en ello nada extraño.