El coronel Chabert y otras historias
El coronel Chabert y otras historias —¡Dios de Dios! —dijo la buena mujer levantándose con vivacidad—, ¿serÃa, pues, factible que hubieran de darle tormento por mi causa?, ¡el rey de los hombres, un hombre que no tiene igual! Antes de que le ocurra el menor contratiempo, iba a decir, antes de que le falte un solo pelo de la cabeza, lo devolveremos todo, señor juez. Poned esto en vuestros papeles. ¡Dios de Dios! Voy corriendo a decirle a Jeanrenaud lo que hace al caso. ¡Ah! ¿Habrase visto?
Y la anciana se levantó, salió, rodó por la escalera y desapareció.
—Ésa no miente —dÃjose el juez—. Mañana lo sabré todo, porque mañana iré a ver al marqués de Espard.