Ilusiones Perdidas
Ilusiones Perdidas Los viajeros llegaron al hotel del Gaillard-Bois, en la calle de l’Echelle, antes de que amaneciese. Los dos amantes estaban tan fatigados, que Luisa quiso antes que nada acostarse, y asà lo hizo, no sin haber ordenado a Luciano que pidiese una habitación encima del apartamento que ella tomó. Luciano durmió hasta las cuatro de la tarde. La señora de Bargeton hizo que le despertaran para comer, y él se vistió precipitadamente al enterarse de la hora, encontrando a Luisa en una de aquellas innobles habitaciones que son la vergüenza de ParÃs, donde, a pesar de tantas pretensiones de elegancia, no existe aún un solo hotel en el que todo viajero rico pueda encontrarse como en su casa. Aunque tuviera en los ojos aquellas brumas que deja un brusco despertar, Luciano no reconoció a su Luisa en aquel aposento frÃo y sin sol, de cortinas ajadas, con suelo que parecÃa mÃsero, y cuyos muebles estaban muy usados y eran de mal gusto, viejos o de ocasión. Hay, en efecto, personas que ya no tienen ni el mismo aspecto ni el mismo valor, una vez separadas de las caras, de las cosas o de los lugares que les sirven de marco. Las fisonomÃas vivas tienen una especie de atmósfera que les es propia, como el claroscuro de los cuadros flamencos es necesario para la vida de las figuras que en ellas puso el genio de los pintores. La gente provinciana es casi toda asÃ. Además, la señora de Bargeton pareció más digna, más pensativa de lo que debÃa estar en un momento en que iniciaba una felicidad sin obstáculos. Luciano no podÃa quejarse: Gentil y Albertina les servÃan. La comida no tenÃa ya aquel carácter de abundancia y de esencial bondad que distingue a la vida de provincias. Los platos cortados por la especulación, salÃan de un restaurante vecino y estaban escasamente servidos. ParÃs no es hermoso en estas pequeñas cosas a las que se ven condenadas las personas de fortuna mediocre. Luciano aguardó al fin de la comida para interrogar a Luisa, cuyo cambio le parecÃa inexplicable. No se equivocaba. Un grave acontecimiento, porque las reflexiones son los acontecimientos de la vida moral, habÃa sobrevenido mientras él estaba durmiendo.