La Piel de Zapa
La Piel de Zapa La mujer sin corazón
Después de una breve pausa, Rafael comenzó, afectando indiferencia:
—Realmente, no sé si debo achacar a los vapores del vino y del ponche la especie de lucidez que me permite abarcar en este instante toda mi vida como un solo cuadro, en el que las figuras, los colores, las sombras, los claros y las medias tintas están fielmente marcados. No me asombrarÃa este juego poético de mi imaginación si no estuviese acompañado de cierto desdén hacia mis penas y mis alegrÃas pretéritas. Vista de lejos, mi vida aparece como circunscrita por un fenómeno moral. El prolongado y lento padecer que ha durado diez años, puede reproducirse hoy en unas cuantas frases, en las que el dolor no será ya más que un pensamiento y el placer una reflexión filosófica. Juzgo, en lugar de sentir…
—Estás pesado, como si desarrollaras una enmienda —interrumpió Emilio.
