La Piel de Zapa
La Piel de Zapa —¿Y qué fue de Paulina?
—¡Ah! Paulina, os diré. ¿Habéis permanecido alguna vez, en apacible noche invernal, sentados frente al hogar doméstico, voluptuosamente entregados a recordar vuestros amores o vuestra juventud, contemplando las estrÃas producidas por el fuego en un leño de encina? AquÃ, la combustión dibuja en rojo el encasillado de un tablero de ajedrez; allá, produce la impresión del terciopelo; azuladas lengüetas de fuego, corren, saltan y juguetean sobre el candente fondo de la hoguera. Llega un pintor incógnito, que utiliza la llama; por un artificio especial, traza en el seno de aquellos flameantes matices violáceos o purpúreos una figura sobrenatural y de una delicadeza inaudita, fenómeno fugaz que jamás reproducirá el azar; es una mujer con la cabellera ondeante al viento, y de cuya silueta se desprende una pasión deliciosa. ¡Fuego en el fuego! SonrÃe, expira, no la volveréis a ver. ¡Adiós, flor de la llama! ¡Adiós, bosquejo incompleto, inesperado, muy anticipado o muy tardÃo para brillar en todo su esplendor!
—Pero ¿y Paulina?
