Los campesinos

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Esa casa, de un piso y rematada por un tejado lleno de buhardillas, se abría el paisaje por tres de sus fachadas; una daba a la plaza, otra al lago y la tercera a un jardín. La cuarta daba a un patio que separaba a los Soudry de la casa vecina, ocupada por un tendero de apellido Wattebled, hombre de la segunda sociedad, padre de la hermosa señora Plissoud, de quien tendremos ocasión de hablar.

Todas las localidades pequeñas tienen una hermosa dama, del mismo modo que tienen un Socquard y un Café de la Paz.

La fachada que da al lago la rodea una terraza con un pequeño jardín de mediana elevación, terminada en una balaustrada de piedra paralela a la carretera cantonal. Se desciende de esa terraza al jardín por medio de una escalera que tiene en un rellano un naranjo, en otro un granado, en otro un mirto, y otros árboles de adorno que requieren, al fondo del jardín, un invernadero. Del lado de la plaza, se entra en la casa por una escalera de muchos peldaños. Según costumbre en las localidades pequeñas, la cochera, reservada para los miembros de la corte, al carruaje o al caballo del señor de la casa y a las embajadas extraordinarias, muy raramente se abre. Como los visitantes habituales vienen todos a pie, suben por la escalera principal.


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