Los campesinos
Los campesinos VIRTUDES CAMPESINAS
Por la noche, MarÃa Tonsard estaba en la carretera de Soulanges, sentada en el pretil de un pequeño puente y esperando a Bonnébault, quien, siguiendo su costumbre, habÃa pasado el dÃa en el café. Le adivinó de lejos y su paso vacilante le demostró que estaba borracho y que habÃa perdido, pues cuando ganaba le daba por cantar:
—¿Eres tú, Bonnébault?
—SÃ, pequeña…
—¿Qué te pasa?
—He quedado a deber veinticinco francos, y me pueden retorcer veinticinco veces el cuello antes de que los encuentre.
—Podemos conseguir quinientos —le dijo ella al oÃdo.
—¡Oh…! Se tratará de matar a alguien, pero yo quiero vivir…
—¡Cállate ya! Vaudoyer nos los da si haces colgar a tu madre de la rama de un árbol.
—PreferirÃa matar a un hombre que delatar a mi madre. Y tú, ¿por qué no denuncias a tu abuela Tonsard?
—Si lo intentara, mi padre se indignarÃa y no me dejarÃa seguir el juego.
