Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante Este cálculo de una civilización avanzada ha recibido sus últimos adelantos en Inglaterra. En la patria de lo confortable, el material de la vida se considera como un gran vestido esencialmente mudable y sometido a los caprichos de la moda. Los ricos cambian anualmente los caballos, los carruajes y el mobiliario; hasta los diamantes se montan de nuevo; todo adopta una nueva forma. De modo que la mayoría de los muebles están fabricados con esta mentalidad; se economizan sabiamente las materias primas. Si aún no hemos alcanzado este grado de ciencia, hemos hecho varios progresos. Las macizas obras de carpintería del Imperio están condenadas por completo, así como sus carruajes pesados y sus esculturas, medio obras de arte que no satisfacían ni al artista ni al hombre de gusto. Nos encaminamos por fin hacia una vía de elegancia y simplicidad. La modestia de nuestras fortunas aún no permite mutaciones frecuentes, pero al menos hemos comprendido este aforismo que domina las costumbres actuales:
XXVII
El lujo es menos dispendioso que la elegancia.