Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —Las autoridades han recibido el aviso de que se le arreste a usted y se le conduzca a la frontera de Italia; se lo advierto para que vea lo que va a hacer y no sea detenido.
A esto habÃa hecho el signo masónico de inteligencia y reconocimiento, al que contestó don Eugenio. Fueron los dos a un cuarto separado que habÃa en un café inmediato, y allà Aviraneta le contó todo lo que le ocurrÃa.
—Ha obrado usted como un bravo español —dijo el señor—; no tenga usted cuidado, que yo le salvaré.
Llevó a su casa a don Eugenio, en donde estuvo cerca de diez dÃas. Este señor, rico comerciante de harinas, tenÃa muchas influencias en el pueblo, y, después de haber hablado con el comisario de policÃa, pudo continuar don Eugenio su viaje hasta Tolosa.
En Tolosa le manifestaron las autoridades que tenÃan órdenes de expulsarle de Francia y que esta medida la habÃa solicitado el entonces embajador español en ParÃs.
Don Eugenio dijo que se encontraba enfermo, y se metió en su cuarto sin salir casi más que de noche; suspendió su correspondencia con Pita Pizarro, y del único que recibÃa alguna noticia era del marqués de Miraflores.