La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo También hay que tener en cuenta que los que escribimos y los que leemos vivimos en una época rápida, vertiginosa, atareada, que deja muy pocas escapadas para la meditación y el reposo. No es sólo al novelista al que le cuesta cerrar el ambiente de su novela; es al lector a quien a veces le molesta el local demasiado cerrado. De ahà que el novelista que ha sido sobre todo lector y que mide la capacidad y la resistencia de los demás por la suya, quiera en sus libros poner muchas ventanas abiertas al campo.
La mayorÃa de los libros resultan vagos y desvaÃdos en medio del tráfago de la vida. ¿A qué polÃtico que va a defender su gestión en el Parlamento, a qué bolsista que vaya a ver las cotizaciones de las que depende su fortuna, a qué hombre al que le vayan a hacer una operación le entretiene una novela? A ninguno, ni tampoco entretiene al que va a ver a una mujer, ni a la mujer que espera a su novio o a la modista, ni al comerciante que va a hacer un negocio, ni al industrial que ve que le viene encima un conflicto obrero.
Asà como la poesÃa lÃrica puede vivir dentro de la vida cotidiana con todos sus prestigios, la novela necesita para hacer efecto sus decoraciones y sus bastidores. Lleva la novela sus bambalinas propias, como las llevaba en la antigüedad el poema.