Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Si puedes, pilotÃn; si puedes… Como iba diciendo, a pesar de que Menchaca tenÃa medios de comprobar que Hortensia era un carácter, no quiso verlo ni reconocerlo. Menchaca se habÃa asociado con este don MatÃas Cepeda que has visto; asociación extraña desde el punto de vista del carácter, porque Menchaca era un hombre atrevido y lleno de iniciativas, y, por el contrario, Cepeda es el tipo vulgar del comerciante escamón que va marchando rutinariamente sobre seguro. Cepeda es un asturiano que vino aquà sin un cuarto y hoy tiene una gran fortuna.
—Pues eso, don CirÃaco, no me parece de tontos.
—¿Pero tú sabes por qué medio ha hecho Cepeda su fortuna?
—No.
—Pues con su fÃsico.
—¿Con su fÃsico? Tiene gracia.
—SÃ, con su fÃsico. Tú dirás que no es un Adonis; pero la fealdad en un hombre no es casi nunca un obstáculo. Cepeda llegó a Cádiz, de sus montañas de Asturias, y entró de dependiente en un gran almacén de azúcar, de café y de cacao de la calle de la Aduana[79]; luego se casó con la dueña, y ésta, al morir, le instituyó heredero único, con lo que quedó viudo y riquÃsimo.