Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Recalde, mi antiguo camarada, el terrible Recalde, el piloto más atrevido y más valiente del pueblo, se habÃa casado con la Cashilda, la hija del confitero de la plaza, muñequita con los ojos azules, muy modosita y formal. Todo el almÃbar, todo el cabello de ángel de la tienda de su padre se le habÃa comunicado a ella.
Recalde era un déspota: decidido, audaz, acostumbrado a mandar como se manda en un barco, no podÃa soportar que nadie le contrariase. Se casó, pasó la luna de miel; la Cashilda tuvo un niño, el antropólogo; Recalde estuvo luego navegando tres años, y volvió a su hogar a pasar una temporada.
El primer dÃa, al volver a su casa, quiso ser fino:
—¿Qué hay? ¿Ha pasado algo? —le preguntó a su mujer.
—Nada. Estamos todos bien.
—¿Ha habido muertos en el pueblo?
—Si; don Fulano, don Zutano. La señora de Tal ha estado enferma.
Recalde escuchó las noticias, y después preguntó:
—¿A qué hora se cena aqu�
—A las ocho.
—Pues hay que cenar a las siete.
La Cashilda no replicó.