Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia URBISTONDO Y SU FAMILIA
Durante algún tiempo fui casi todos los dÃas a la casa de la playa. Mi tÃo marchaba cada vez peor. El médico vaticinaba el final para un breve plazo.
Varias veces pregunté a Mary si tenÃa algún proyecto para el porvenir. Ella me dijo que podrÃa dar lecciones de inglés a los muchachos de Elguea y seguir viviendo allá; pero yo le advertà que esto era imposible.
—¿Por qué?
—Porque no, criatura. ¿Cómo le van a tener respeto muchachos de su misma edad o mayores que usted? No puede ser.
—¿Y si les enseño el inglés tan bien como otro profesor?
Aunque asà sea. No irÃa nadie, o, mejor dicho, irÃan muchos; pero no a aprender el inglés, sino a hacerle a usted el amor.
Ella quedó pensativa.
—¿Y si me pusiera a coser y a hacer trajes para las señoras?
—¿Pero sabe usted algo de eso?
—No, pero aprenderé.
—Quizá fuera práctico.
Yo le ofrecà pagarle todo lo que necesitara, aunque dudaba mucho del éxito. El mismo dÃa escribió a Bayona y a ParÃs pidiendo catálogos y periódicos de modas[149].
