Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Pues si no tiene usted algo más importante que hacer, venga usted esta tarde a las cinco; le contaré lo que sé de Ugarte.
—Muy bien. A las cinco estaré aquÃ.
—Ahora, vamos —añadió el viejo, dirigiéndose al capitán de la Dama Zuri—, a nuestros asuntos.
Me despedà del capitán y de Itchaso, fui a mi barco, y a las cinco en punto estaba en el muelle de Borgoña, en la tienda de objetos navales.
El viejo Itchaso me esperaba, e, inmediatamente de llegar, me pasó a un cuarto pequeño con una ventana que daba al muelle.
Desde allà se veÃan los mástiles entrecruzados de las fragatas y bergantines, de las goletas y pailebots.
HabÃa en el cuarto, en un armario, varios libros, y entre ellos el Diccionario filosófico de Voltaire[161].
—Este libro es mi amigo —me dijo el viejo, señalándolo.
—¿No es usted religioso? —le pregunté yo.
—No, no. No creo en supersticiones.
Itchaso tenÃa preparada una botella de vino de Burdeos, añejo, que conservaba en el casco polvo y telarañas. Llenó dos copas; luego levantó la suya, y dijo:
—Por el paÃs vasco, mi oficial.
—Por España.