Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia EL CAPITÁN ZALDUMBIDE
El ser vasco en aquel buque constituía gran ventaja. El capitán lo era, lo mismo que su camarilla o guardia negra, con quien se entendía en vascuence. Yo iba a formar parte de esta camarilla.
No era raro, sino muy frecuente, que los armadores de barcos corsarios o negreros escogieran capitanes de puertos lejanos; así, los de Saint-Malo tomaban un capitán de Burdeos; los de aquí, uno del Havre o de Honfleur. En el tiempo en que Nantes era uno de los centros negreros más activos de Europa, había allí pilotos de todo el mundo[168].
El capitán Zaldumbide era hombre alto, encorvado, amojamado. Nosotros le llamábamos el Viejo; en inglés, el Viejo de a bordo, y en vascuence, Gure Zarra (nuestro viejo). Zaldumbide no hablaba apenas; tenía una mirada de través, con sus ojos encarnados, poco agradable. Se dejaba sotabarba, ya blanca, y el pelo lo llevaba largo. Vestía levita negra y raída; en la cabeza, una gorrita, y los días de frío, un gabán viejo con esclavina.
Zaldumbide bebía poco o no bebía nada. Era muy religioso. Nunca se sentaba a comer sin rezar antes el Benedicite. Tenía en su camarote una virgen peruana[169], con dos ramas de romero bendito debajo. Ante esta imagen rezaba con un rosario de cuentas gruesas.
