Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Zaldumbide no era partidario de maltratar ni de pegar siquiera a los negros, no por nada, sino por no estropearlos.
Los demás capitanes negreros trataban a fuetazos a sus negros[197]. Estos fuetazos no eran más que el ligero prólogo de los que les darÃan después los bandidos de América. Hay que reconocer, en honor de la bella Francia, que los negreros franceses debieron dejar atrás a los demás en el arte de desollar negros, porque incrustaron en el lenguaje de las colonias el nombre del látigo francés, lo impusieron, y a todas partes donde habÃa negros llevaron triunfante el fouet.
Bien es verdad que, a cambio de esa pequeña molestia de arrancar a los negros algunas piltrafas insignificantes de carne, se les bautizaba, y eso salÃan ganando.
Zaldumbide era el San Francisco de AsÃs de los negros. No los tenÃa a todos en la misma cámara, sino en cuatro grandes cuadras, hechas con mamparos; les ponÃa camas de paja y les sacaba sobre cubierta para airearlos y lavarlos.
—Es una mercancÃa delicada —solÃa decir.
No era el capitán de los que consideran que para cumplir como un buen negrero hay que maltratar al ganado humano. PreferÃa matar a un marinero que a un negro. Varias veces le reprocharon esto, y él contestaba: